“Voy caminando por Estrella con un amigo, son cerca de las 6 de la tarde, la gente comienza a salir de sus laburos. Muchos de camisa y corbata, otros simplemente con un jeans y una remera, la mayoría camina ajetreadamente en una misma dirección . Rostros cansados, viernes a hora pico, para muchos ultimo día laboral de la semana. Sin embargo, creí haber visto un fulgor raro en sus miradas….Es como si supieran que lo de hoy es algo diferente. No es otra protesta bizantina. La esperanza se ha convertido en convicción.”
Cuando escribí por primera vez en el blog, hace ya casi 2 años, puse mis pequeñas esperanzas y criticas hacia la la sociedad paraguaya , su fauna y flora, bajo el nombre de “Desidiocracia”. A lo largo de todo ese tiempo, y a través de diversos capítulos que englobaban temas como el Marco Rector, el uso del guarani o los derechos de las minorias, siempre subrayé que el principal problema de este pais, era justamente la desidia, cáncer de esta democracia. Una democracia que a medida que pasaron los meses, y muy especialmente el año pasado, comenzó a mostrar signos de madurez y de asentamiento en las mentes de la gente. La concepción de la capacidad, del derecho y deber cívico, tarea pendiente en la idiosincrasia del paraguayo, ha empezado a echar raíces, enlazando a diferentes generaciones en la toma de conciencia ciudadana.
Hoy por hoy, estamos ante un clima tenso debido a un tema creo que ya conocido por todos. El proyecto de ampliación de presupuesto del TSJE, en 150 mil millones de guaranies (“palitos”, dijo menospreciando el monto una parlamentaria) provoco en la ciudadania una indignación que de forma rara unió incluso a sectores muy distanciados dentro de esta sociedad que tiene la particularidad de ser solidaria individualmente pero muy sectaria y egoísta cuando hablamos de masas.
Bajo el nombre de “AFTER OFFICE REVOLUCIONARIO”, y teniendo nuevamente a las redes sociales como estandarte y medio de organización, he podido ver en la calle, en esa plaza, desfilar ante el micrófono, a jóvenes, adultos, “viejos”, cada uno a su manera, pero sobre todo, pasando de esas palabras a la acción de hacer acto de presencia. Auto convocados, hartos de estar hartos. He podido admirarme ante los discursos improvisados de “pendejo” que trabaja y estudia, de un oficinista, de una señora perteneciente a la generación que sufrió de la dictadura… Son voces de esa gente común, las cuales no es común escucharlas. Una iniciativa que ha sido imitada en a lo largo y ancho del territorio nacional, algo pocas veces visto.
El objetivo es el “escrache”, es demostrarles a esos que ahora meten el rabo entre las patas, que los tiempos cambian, y que las auto-limitaciones impuestas por la herencia histórica nefasta de este país, se pueden superar. Que los jóvenes no estamos todos para la joda, que muchos si estamos conscientes del papel que debemos desempeñar HOY , que no todos los paraguayos son unos hurreros. Que no por siempre se va a inclinar la cerviz ante lo impresentable. También es una prueba de fuego para nosotros, demostrarnos que estamos a la altura del rol que nos toca en la actualidad. Cambiar ese paradigma de incitar a la violencia, pero si insistir de forma férrea en lo que son nuestros derechos, algo que se aplica no solo a este caso, sino a casi todos en el amplio aspecto social de este país. El verdadero “cambio” es simplemente eso.
Independientemente de si se trata anteriormente a la vigilia el tema, la demostración de fuerza quedará como ejemplo a seguir en acciones futuras. Ellos tomaran nota, y nosotros también. Puede que en el peor de los casos, en un futuro como en el olvido esa presencia, en aquella plaza, una noche otoñal de mayo. Y nos queda un larguísimo trecho por aprender. Pero algo sucede en Paraguay, se palpa, se siente, y sobre todo, se ve: la sociedad comienza a echar por tierra a esta Desidiocracia. Y si uno quiere participar de ese proceso debe empezar por anotarse a la próxima parada, nuevamente, la plaza.




